La Iimportancia de la Enseñanza de la Literatura en la Infancia - #JamLiterarioLAO

LA IMPORTANCIA DE LA ENSEÑANZA DE LA LITERATURA EN LA INFANCIA

Hablar de literatura conduce en sí a un tema muy extenso, por lo que me permito limitarla para los fines de este ensayo, tal vez, desde un sentido práctico a la forma de entenderla de un autor en particular, a saber, de la escritora, poeta y  ensayista  Ethel Krauze, que la señala como el arte de la palabra (2002), por ello, como bien diría también Andrés Amorós en el prólogo a Introducción a la literatura “[ésta] es uno de los grandes placeres que ofrece la vida” (Amorós, 1987, p. 5). Y con mucha razón, dado que existen interesantes historias de personajes que abrazaron la literatura a muy temprana edad, situación que difiere y dista mucho de la sociedad actual. ¿Cuál se diría que es la importancia que tiene la literatura en la infancia ahora? Conviene reflexionar mucho sobre este tópico.

Y concuerdo con las mismas palabras que Amorós indica al decir que la base de ésta es “el placer que alguien tiene leyendo lo que otro a escrito” (Ibidem, p. 7).

Si bien, abordo el tema desde un enfoque más informal inspirado mayormente en la obra de la poeta Ethel Krauze tras ir relatando cómo ella se fue interesando por la poesía desde muy pequeña, por lo tanto expongo el dem(Op. Citescrito” (Op. Cit.enfoque mío que dista mucho de la práctica formal que se tiene de enseñar literatura como asignatura o materia que más que acercar al aprendiz a encontrar el placer por acercarse a ella, –como ya sostiene Amorós y Krauze– lo orillan hacia una actividad donde tiene más peso el deber sobre el querer y por ende redunda en la gran mayoría, en una acción tediosa a la que atender.

Y es que al leer un libro, ya dice bien Michèle Petit que ocurre “un diálogo entre el lector y el texto” (1999, p. 27) del que después se desprende un proceso de crítica que puede ocurrir de forma inconsciente, que, si se viera como una obligación académica (en la escuela se deja como tarea la lectura del capítulo de algún libro), considero que dicha discrepancia o similitud de ideas que tendría el estudiante con el autor no tendría tanto valor literario. O de forma consciente donde el lector tenga que plantearse preguntas sobre lo que ha leído. Ethel cuenta que lloraba en el baño cuando leía las Rimas de Bécquer, ¡inclusive se atrevió criticar al poeta a tan temprana edad! Y yo creo que ahí radica la esencia: que la literatura tiene que fluir sola en las personas como un aprendizaje natural; en este caso, dejar que los niños experimenten con los libros lo que yace detrás de sus letras.

Pero, ¿cómo se puede dar este aprendizaje desde la infancia? Recuerdo muy bien las historias de los libros de texto gratuito que ofrecía la Secretaría de Educación Pública (SEP), sobre todo de la asignatura de español lecturas que hicieron eco en mí y que a la fecha recuerde con cariño aun a Paco el chato, La jacaranda, El leñador, Los tres cabritos y el ogro tragón, entre otros. Pero la literatura no solo se enfrasca  en pequeños textos de libros académicos, va más allá, y desde la infancia hay mucho por decir.

Considerando así esta idea, debo decir también que me fascinó ver la película llamada Matilda, y no por la trama en sí –que es muy interesante, sobre todo por la peculiar personalidad de la directora Tronchatoro–, sino porque la protagonista rompe con el esquema de familia culta=hijos cultos, o, padres lectores=hijos lectores. No, ni mucho menos. Si bien, hay muchos casos donde si ha ocurrido así. Por ejemplo, recuerdo que la amiga de mi hermana, desde la primaria, gustaba de leer mucho, sobre todo libros de cuentos infantiles dado que su padre era el encargado de la biblioteca comunal; o, volviendo a retomar a Ethel Krauze, su madre leía mucho y con frecuencia recitaba impecables poemas sentados a la mesa del comedor así de la nada con tal de ver la fascinación en los pequeños ojos inquietos de su hija; o como se cuenta de Jorge Luis Borges y de Felipe Garrido, que no tuvieron limitaciones, todo lo contrario, dado que sus padres eran aficionados a la lectura, dejaban pues que sus hijos tomasen cualquier libro que gustasen; o en mi caso, que debo mencionar que de niño no era muy apegado a los libros aunque tuviese un ligero gusto por las asignaturas de español e historia, por tanto comencé a trabajar en la lectura sin saber hasta sentirme cómo con ella, pero lo que más recuerdo con nitidez es la figura de mi padre sentado en su escritorio con sus grandes libros de consulta la mayoría de las noches, leyendo, digiriendo todas aquellas palabras, libro por libro, y que hasta la actualidad aún conserva ese espíritu de lector asiduo.

En eso radica la libertad de la literatura, ahí esté el génesis de una vida de placer, que desde la infancia ocurra un incitar, un ejemplo en los niños cercano a, que los induzca por el camino del encuentro con el texto desde ya desde pequeños.

A lo que quiero ir con lo anterior es que no tiene que ocurrir que para que ames la literatura tienes que tener padres que también lo amen o algún otro adulto cercano. No necesariamente. Matilda es el ejemplo claro, aunque ficcional, pero lo cierto es que la realidad no puede estar muy lejos de esa representación. Guite, la amiga de la poeta Ethel, se inmiscuyó en el mundo de la literatura apenas entrado a la secundaria. Cómo ocurrió que ella, cuyos padres eran simples vendedores de chamarras y que en su casa no contaban con ningún libro más que los académicos, llegase a abrazar la poesía. Antes Guite solía ver los libros como un montón de hojas manchadas, pero después descubrió un camino a la poesía a partir de la lectura de una obra de Longo llamada Dafnis y Cloe, una historia de amor entre dos adolescente jamás contada.

La pregunta aquí es, por supuesto, ¿cómo ocurrió que Guite pasó de ser indiferente a amante de la poesía? Y aquí viene la interesante comparación que hace Felipe Garrido respecto a si el lector se hace o se nace. Aunque el autor se decanta hacia la primera idea desde el mismísimo título de su obra, es importante señalar que precisamente, el buen lector se hace.

Garrido (2014) expresa que leer y escribir  son dos cosas muy diferentes a escuchar y hablar. Refiere también a lo que ya expuse párrafos atrás, a saber, que:

Solo en un muy pequeño número de familias donde escribir y leer son verdaderamente parte de la vida diaria puede un niño adquirir estas capacidades casi sin sentirlo. [Pero] lo habitual no es eso. Lo habitual es que para aprender a leer y escribir de manera más o menos elemental, un niño deba pasar diez o doce años en la escuela. Nuestra educación básica [en México] está todavía diseñada para alfabetizar a los estudiantes; no para formarlos como lectores. (p. 16)

Por su parte, Luis Arizaleta (s.f.) en su análisis, menciona que la escolarización no tiene como resultado que los educandos terminen siendo lectores letrados o autónomos, sino solamente alfabetizados no lectores, que han aprendido a decodificar el sonido de las letras y palabras pero, que no han despertado en ellos el deseo por la lectura.

Ya Juan Domingo Argüelles –junto con Arizaleta– mencionaba que el contenido academicista lo único que proporciona en el alumno es que se forje en ellos el hábito por la lectura, que más bien tiene que ver con la predisposición a hacer una cosa de forma repetitiva y que con regularidad no tiende a tener el carácter de ser deseado, o como lo diría Krauze “no se enseña, se contagia” (Op. Cit., p. 66). En comparación con el nuevo término al que aluden los dos autores primeros de este párrafo, la afición por la lectura, que tiene que ver con el affectio, es decir, con una mezcla de buen ánimo, de sentimientos y de inclinación a hacer las cosas porque se quiere, o en palabras del autor, con devolverle a la acción “su verdadero carácter de ocio creador y gratuidad placentera” (Argüelles, 2009), de ahí que el autor titule su obra »Si quieres…lee«, que se liga a la perfección con la autonomía del que ya hablaba Garrido.

En efecto, la afición por los libros, por la propia literatura, llega a tener un valor positivo ya que se efectúa con gusto y satisfacción hasta producir placer. Y hablando de placer, puedo señalar precisamente lo que Ethel Krauze expresa en su libro. Para ello debo mencionar que últimamente me interesé por profundizar  más en la rama de la poesía, pero estaba investigando mal, ya que esperaba encontrar un libro que tal como un instructivo, me llevase paso por paso hasta llegar a comprender, entender y apreciar la poesía. ¡Qué idea tan más errada!

Me topé entonces con el libro de la poeta y ensayista que titula »Cómo acercarse a… la poesía«. Pensé que era la solución a mi preocupación porque al fin pude haber encontrado mi propio manual de instrucciones, pero la autora deja claro desde el prólogo que no le dirá al lector cómo podrá acercarse a la poesía, algo mucho mejor, ella narra su propia historia de vida. En palabras de la autora: “…Entonces, ¿cómo  escribir algo que acercara a la gente a la poesía? (…) Y un día encontré la verdadera pregunta: ¿cómo me acerqué yo a la poesía? (Op. Cit., p. 7).

¿Alcanza a comprender, ahora, la importancia de la literatura en la infancia de las personas?

Por otro lado, y no muy alejado de lo anterior, me gustaría señalar las palabras del doctor Antonio Navarro expresadas en una charla formal en uno de los Talleres de Escritura Creativa que estoy tomando. Él dijo: “asume tu responsabilidad en el área en que tengas influencia”. Y cualquier adulto, los padres sobre todo, tienen (o tenemos, yo me sumo) gran influencia en los infantes que están cerca de nosotros, los de la familia, especialmente. ¿Qué estamos haciendo para acercarlos (a los niños de nuestra área de influencia) al mundo de la literatura? ¿Tenemos en casa libros que puedan contribuir a la libertad de selección de alguno que llame la atención del niño para que pueda cogerlo y leer? ¿Leemos frente a ellos, demostrando que en realidad estamos disfrutando de la lectura? ¿O estamos pasando más tiempo frente al televisor, y por ende el niño que está en nuestro círculo de influencia copia la acción para reproducir así el efecto homovidens?

Ligado con esta última pregunta, me gusta cómo  Giovanni Sartori emplea la frase del Evangelio de Juan capítulo uno primer versículo, que, si bien tiene una interpretación exegética, ayuda bien en la comparación que se está siguiendo: “En el principio la Palabra era”. Hoy tendría que decir: “al principio fue la imagen” (Sartori, 1998, p. 37).

Considero que, como adultos responsables de ese círculo de influencia, tenemos el deber de conducir a nuestros niños hacia el camino de la literatura. ¿Cómo? Dando el ejemplo. Lee. Comienza a disfrutar de un buen libro frente a ellos; no te formes un hábito, consigue aficionarte a la lectura, así, con pasión y deleite, podrás contagiar al infante que como una esponja, absorbe todo lo que a sus ojos llega.

Ahí radica en definitiva la importancia de la literatura en la edad temprana de toda persona, que, más que enseñanza como materia o asignatura en un contexto formal, considero que tiene más peso si, desde un espacio informal (la familia, como bien he señalado) se le proporciona como adultos el ambiente idónea  para incitar en el niño las ganas por acercarse a los libros a temprana edad. No una enseñanza, pues, mejor un proceso de aprendizaje que se dé de forma natural tal como se aprende a hablar. Como resultado, ellos llegarán a ser personas críticas (alcanzando el tercer nivel de lectura del que menciona Daniel Cassany, a saber, leer detrás de las líneas, comprendiendo lo que está detrás del texto), serán entes pensantes, con la capacidad de analizar y reflexionar para llegar a un cambio macro: conformar una sociedad de individuos que saben pensar.

Autor: Brando López González

#JAMLITERARIOLAO

Licenciado en Pedagogía por parte de la Universidad Autónoma de Chiapas con una movilidad académica a la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México en el periodo enero- junio de 2017. Curso el Diplomado en Literatura y Creación Literaria en el Centro de Artes y Emprendimiento Cultural 01 en Tapachula, Chiapas, México. Ha publicado el libro “La siguiente victima” bajo el sello editorial de Búho Editores, su narrativa de corte policiaco aborda el tema del feminicidio y la trata de personas en Chiapas.  Es miembro del Proyecto Editorial Soconusco Emergente. Sus ensayos aparecen en el libro “Episteme: Antología Ensayística”.